Misionero imposible
Imagina que eres responsable de expansión y marketing de una start-up. Tras una disputa con colegas y superiores, te han asignado un área enorme y nueva, donde puedes actuar con libertad.
Pero hay algunos inconvenientes: irás por tu cuenta y los viajes son peligrosos. Ah, no lo habíamos dicho: estás en el siglo I, dentro del Imperio romano, y tu trabajo consiste en predicar el mensaje de un pequeño grupo judío marginal, cuyo fundador fue un maestro carismático que acabó crucificado por las autoridades. ¿Presupuesto? Digamos que trabajarás para subsistir y no tendrás apoyo económico. Afortunadamente, aún no se han inventado los focus groups, porque te dirían que tienes por delante un reto colosal.
Por decirlo suavemente: el mensaje que debes transmitir genera rechazo y desprecio a partes iguales. Tienes un punto a favor: prometes la salvación eterna. No está mal, ¿eh? Como contrapartida, también debes dejar claro que el camino está lleno de sufrimiento. Real. Ahora. Incluso es posible sufrir martirio. Tu propia vida es un ejemplo de esto: en el cumplimiento de tu misión, te apedrearán, te darán latigazos, sufrirás robos, golpes, turbas querrán lincharte, naufragarás, irás a la cárcel, padecerás enfermedades, hambre, frío … Y hasta tus propios seguidores renegaran de ti. ¿Listo para empezar? No hay tiempo que perder.